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La selva

Cuando no había nada.

Cuando la soledad abrazaba cada uno de los centímetros de mi cuerpo.

Cuando la inocencia del niño dió paso al huracán del caos.

Por aquellos pasos donde se quedó la felicidad de la ignorancia.

La profundidad de una mirada perdida como cultivo perfecto para la verdad.

Y es que he visto llorar a los leones. He palpado el amor verdadero y en mis más fervientes deseos de atraparlo me ha dado la espalda.

Creí que las historias existían.

Creí que las flores que regábamos nunca se marchitarían.

Por aquellas que al tenerlas frente a mí, se convirtieron en rubus.

Por aquella jungla que crecía a mi alrededor.

Por el daño de cada puñal voluntario.

Por cada herida inconsciente.

Hoy sé que mi corazón es un elemento cubierto de piedra.

Sé que no volveré a ver al niño que jugaba con las nubes como si del olimpo viniera.

Ahora sé que el sol que baña mi piel ya no es el reflejo de la ilusión compartida.

Me perdiste en el momento en el que el ogro se come al viajero.

En el que el cuento no acabó en un “vivieron felices” y no hubo un capítulo más que te dejara con buen sabor de boca. La luz de nuestra habitación se ha de apagar aplacada por unos puños de hierro.

Compañero del tiempo en los momentos más emocionantes, he volado hasta el fin del mundo.

Cuna de cristal, rota entre mis manos, mi tierra se desvaneció para volver a caer.

Me humillaste.

Me hiciste morir en vida.

Mis ojos habrían estado vacíos sino fueran por las lágrimas.

Me dejaste sin nada.

Y cuando no hay nada.

Cuando solo estás tú frente a un espejo.

Cuando la sombra que arrojas es la única testigo de tus versos gritados al viento.

Es cuando tengo más amor.

Cuando me crezco, lucho por volver a tocar las rosas de un jardín maravilloso.

He crecido en una jungla hecha a medida, he obligado al mundo a ser como yo quiero que sea.

He descubierto la dureza de mis pasos, he sentido la soledad más cerca que nunca y me ha susurrado que no podía arrodillarme ante la injusticia, dormir con desazón.

La tristeza es un consejo dado a tiempo.

Sé que esto es vivir, y estoy preparado para ello.

Ya no estás tú, estoy yo.

Yo he sido el león que llora.

Soy la gacela que vuela.

Estas paredes no van a detener al niño que ya no está.

Me ha contado sus secretos más profundos, me ha enseñado su esencia.

Me odio por no haber sido mejor persona en los momentos en los que no he estado a la altura.

Odio como motor de la mejoría.

Odio como impulso de mi cuerpo.

Esta es mi jungla, crecido entre gráficas, depredadores imperturbables ante cualquier atisbo de debilidad.

En mi cuento soy inmortal.

Soy el rey del caos que la vida enseña.

Que la vida muestra fuera de tu frágil urna.

Ya no estás tú, estoy yo con el poder de la mente.

Con el poder de quien hace cosas imposibles porque viene de un lugar del que fue imposible salir.

Y he salido.

Mi jungla mis normas.

Mi selva.

Mi verdad.

Cuando no había nada, estaba yo.

Estaba todo.

Todo.

Esta es una publicación que relata mi vida en los mercados financieros. Quiero, querido lector, que seas consciente de que las cosas no son fáciles, y por ello, es necesario conocer el otro lado del telón para estar realmente preparado. Para quien el amor de este relato es bolsa, habrá alguien quien se sienta identificado con una persona, un oficio, un lugar o un momento. Tirar la toalla no es una opción. Abraza la derrota, y aprende de ella. Solo quien baja a las profundidades sabe cómo salir de ellas. Solo quien se perdió por todos los caminos sabe las reglas del juego. Así es la vida. Quiérete a ti mismo, y conócete, pues haciéndolo, sabrás sacar lo mejor de ti. La única lucha que deberías tener es la tuya con tus propios sueños. Consíguelos, pues es la única forma de ser feliz. Seas quien seas, hagas lo que hagas, eres único, eres especial, y nadie te tiene que querer más que tú a ti mismo. Si sabes apreciar tu don, sabrás tu destino. La motivación es un estado mental, pero puedes hacer que sea tu forma de vida. Es natural, es real. Hazte grande.

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